Barroclásica, Lluviaclásica, Frioclásica, Aguaclásica…

La creatividad de expositores, periodistas y visitantes desató una tormenta de nombres para rebautizar a la 19ª edición de Autoclásica. Y si de tormenta hablamos, el condimento de angustia y tensión se desparramó una vez más en las semanas previas a la exposición de autos y motos clásicos más importante de Sudamérica.

Sin chance alguna de modificar la fecha, la edición 2019 abrió sus puertas con lluvia en la mañana del viernes 11. El barro y el agua acumulados en el estacionamiento evidenciaban que había llovido con intensidad los días previos y la noche anterior. Sobre el boulevard, la cantidad de autos cubiertos con fundas daba cuenta de que el show aún no había comenzado. Recién a media tarde el sol le ganó la partida a las nubes y con un escenario despejado Autoclásica desplegó su esplendor.

Pero la tregua duró poco. En la madrugada del sábado una
violenta tormenta, con ráfagas de viento, se desató con furia sobre los jardines del Hipódromo de San Isidro. El espectáculo al amanecer era desolador. Con buen criterio, la organización cerró las puertas el sábado a la espera de mejores condiciones.

Durante toda la tarde, circularon por las redes conmovedoras imágenes de carpas y gazebos desarmados, fundas de autos volando, ramas caídas y anegamientos por doquier. Aún así, no hubo registros de grandes daños sobre los vehículos de los expositores, pero sí algunos casos en el sector autojumble con pérdidas de parte de la mercadería.

Las mejores condiciones recién se registraron a partir del domingo. Entonces sí pudo disfrutarse plenamente de lo que Autoclásica proponía para esta nueva edición, buenas botas y paraguas (por las dudas) mediante. Los ejes temáticos giraron en torno a los 100 años de Citroën, Bentley y Zagato y los 60 años del Mini. En relación a la industria nacional, el reconocimiento se focalizó en los 50 años del Chevrolet Chevy.

Los amantes de las dos ruedas pudieron disfrutar de una diversidad de unidades de la Honda CB750 Four, modelo homenajeado en esta edición al cumplir 50 años.
Fuera del programa oficial, y por iniciativa de los clubes que los representan, se celebraron los 30 años del Land Rover Discovery y los 40 años del Peugeot 505 y los 90 del Peugeot 201.
A su ya tradicional propuesta de automóviles históricos, Autoclasica sumó una interesante variante con la carpa de los “Super Autos” donde se expusieron deportivos contemporáneos de grandes prestaciones. Una buena forma de atraer nuevas generaciones. A pocos metros, el espacio “Racing 50” cobijaba históricos deportivos de los años 50 entre los que descollaba el Pegaso Z 102, del cual solo se fabricaron 84 ejemplares.
Otra propuesta original resultó el “Classic Market”, una zona de ventas de unidades clásicas, tanto nacionales como importadas, que funcionó como una muestra paralela.
Sin grandes novedades en relación a la disposición de ediciones anteriores, se destaca la redistribución de algunos espacios. En esta oportunidad tuvieron un lugar más cuidado los exponentes de la industria brasileña. Un Ford Maverick de 1979, una pick Chevrolet C-10 de 1978 y un Ford Galaxie Landau fueron dispuestos en el boulevard central.
Otro cambio significativo fue la idea de agrupar en un solo sector los automóviles de industria nacional. En la “Plaza Argentina” se exhibieron modelos tanto de marcas europeas como norteamericanas, entre ellos Falcon, Chevrolet 400, Valiant, Torino, Dodge GTX, SIAM Di Tella 1500, Fiat 770 y berlina 1500 y los utilitarios Ford F-100, Jeep T80 y Estanciera.
En ese espacio se hizo el tributo a los 50 años del Chevy con la exposición de tres cupés y un sedán 250 SS, a los que se sumaron el prototipo Baufer DB y una réplica de la cupé de TC de Carlos Marincovich.

  • Peugeot 205 Turbo 1.6 L con el que Carlos Reutemann participara en el Grupo B del Rally de Argentina de 1985.

Entre los productos nacionales merecen un párrafo aparte los impactantes buses de larga distancia Scania BR116 carrocería Nahuel II 1978 y Magirus-Deutz carrocería San Antonio de 1977. Las dos unidades llegaron especialmente desde la ciudad de Santa Fe donde fueron prolijamente restaurados.
Otros automóviles de producción nacional se lucían en los stands del Club Fiat Clásicos, Club Peugeot Clásicos, Club IAME, Cadeaa, Registro Antique, Club Lotus, Club Borgward Argentina, CASYM, Club Gordini Baradero y Citroën Club Buenos Aires. Merece destacarse la impronta internacional del Auto Union-DKW Club que sumó a sus ejemplares producidos en la histórica planta de Industria Automotriz Santa Fe un multipropósito Candango de 1959, fabricado en Brasil, y desde Uruguay un DKW F102 de 1965 y un Audi 100 LS de 1971.
Los nostálgicos del automovilismo argentino pudieron disfrutar de los Sport Prototipos Numa 2B de 1968 y el Requejo Tornado de 1969 –ambos premiados- y el Baufer Chevrolet 1969, del sector de las “Leyendas del TC”, con réplicas como las del Falcon de Nasif Estéfano, y de las simpáticas cupecitas de la Agrupación Clásicos e Históricos del TC.
Entre las perlitas que este cronista registró podemos citar el Ford Sierra RS Cosworth, la rural Volvo 1800 ES, la Fiat 1100 Familiare, el Autobianchi Bianchina Berlina, el Fiat 509, el Chevrolet Corvair Monza 1963, el BMW 3.0 CS 1972, el Lancia Gamma Coupé 1977, el Panhard Dyna Z y el ya mencionado Pegaso 102 BS 1953. Una rareza nacional y verdadero hallazgo del Museo del Automóvil de Buenos Aires fue el Chasqui, una pieza única fabricada en los años 50 y que pronto será exhibida en las instalaciones del museo porteño.
El Barrio de las Motos mantuvo el encanto de ediciones anteriores, pero los huecos del sector central dejaron la sensación de un parque más raleado. Allí se destacaron ejemplares nacionales como Puma y Tassi y las tradicionales marcas europeas, japonesas y norteamericanas como Honda, Kawasaki, Suzuki, Gilera, Indian, Norton y Harley Davidson, entre otras.
Las condiciones climáticas afectaron la participación del público. El viernes, como es habitual, se notó la presencia de medios y pocos visitantes en general. Luego de la suspensión del sábado, la respuesta fue masiva durante el domingo, pero decayó el lunes.
También, como consecuencia del mal tiempo, debió reprogramarse la entrega de premios para el lunes 14. El jurado de Autoclásica premió con el “Best of Show” a un Delage D8 1932 carrocería Henri Chapron. El ganador integró una terna finalista junto a un Packard 740 Doble Parabrisas de 1930 y una Ferrari 250 Spider GT 1959. Tal como ocurriese en la edición 2018, las marcas Packard y Ferrari compartieron el podio y una vez más la norteamericana fue relegada por una europea.
La importancia que adquirió Autoclásica a nivel internacional quedó en evidencia por el reconocimiento de FIVA (Federación Internacional de Vehículos Ancianos) como uno de los cuatro eventos en el mundo para que se entregue el premio FIVA al Vehículo Mejor Preservado. La distinción se la llevó el Peugeot 205 Turbo 1.6 L con el que Carlos Reutemann participara en el Grupo B del Rally de Argentina de 1985.
Pasó la 19ª edición de Autoclásica. 33 clubs de autos, 12 de motos y 6 entidades le dieron colorido a una fiesta solo empañada por la lluvia, el barro y el frío. Quedó abierto el debate sobre el cambio de fecha o escenario para preservar la seguridad de expositores, visitantes y, por supuesto, mantener a buen resguardo el patrimonio histórico exhibido.

Por Gustavo Feder